Cartas a María Mantilla

[Cabo Haitiano, 1895]

Mi María:

¿Y cómo me doblo yo, y me encojo bien, y voy

dentro de esta carta, a darte un abrazo? ¿Y cómo

te digo esta manera de pensarte, de todos los mo-

mentos, muy fina y penosa, que me despierta y

que me acuesta, y cada vez te ve con más ternura

y luz? No habrá quien más te quiera; y sólo

debes querer más que a mí a quien te quiera más

que yo.

¿A que de París, de ese París, que veremos

un día juntos, cuando los hombres me hayan

maltratado, y yo te lleve a ver mundo antes de

que entres en los peligros de él,—a que de París

vas a recibir un gran recuerdo mío, por mano de

un amigo generoso de Cabo Haitiano, del padre

de Rosa Dellundé? Yo voy sembrándote, por

dondequiera que voy, para que te sea amiga la

vida. Tú, cada vez que veas la noche oscura, o el

sol nublado, piensa en mí.

En mi nombre visita a Benjamincito, y a Au-

rora, y a Mercedes, a quien escribiré antes de

salir de aquí, y ve con ella a llevarle flores a mi

pobrecita Patria. Que tu madre sienta todos los

días el calor de tus brazos. Que no hagas nunca

nada que me dé tristeza, o yo no quisiera que

tú hicieses. Que te respeten todos, por decorosa y

estudiosa. Que entiendas cuánto, cuánto te quiere

Tu

Martí