Cartas a María Mantilla

Santiago de los Caballeros, 19 de Feb. [1895]

Busca, p a tu diario, Santiago ; y batey .

 

Maricusa mía:

¿Cuántos días hace ya que no te acuerdas de

mí? Yo te necesito más, mientras menos te veo.

Anoche, a las cuatro de la madrugada, estaba

en el batey , como aquí llaman al patio de las

casas de campo, al claro desyerbado que rodea la

casa de vivienda: en el cielo, de un azul que

parecía vivo, estaban encendidas las estrellas: la

luna recortada, y como de un fuego suave,

iluminaba de arriba un mazo de palmas: las

hojas de las palmeras se mecían suavemente, en

el claro silencio: yo pensaba en ti.—Y cuando el

día antes había pasado por el camino, lleno todo,

a un lado y otro, de árboles de frutas, de cocos y

mangos, de caimitos y mameyes, de aguacates y

naranjos, pensaba en Vds, y en tenerlas conmi-

go, para sentarlas en la yerba, y llenarles la

falda de frutas.—Estás lejos, entusiasmada con

los héroes de colorín del teatro, y olvidada de

nosotros, los héroes verdaderos de la vida, los

que padecemos por los demás, y queremos que

los hombres sean mejores de lo que son. Malo es

vestir de saco viejo, y de sombrero de castor: cual-

quier tenor bribón, con un do en la garganta,

le ocupa los pensamientos a una señorita, con

tal que lleve calzas lilas y jubón azul, y som-

brero de plumas.—Ya ves que estoy celoso, y que

me tienes que contentar. Es que por el aire,

que lleva y trae almas, no me han llegado las

cartas que esperaba recibir de ti.—Le hablé de

ti en el camino a una guajirita que sabe leer

letra de pluma: a una huérfana de nueve años:—

ahora le llevo de regalo un libro: se lo llevo en

tu nombre.—Haz tú como yo: has algo bueno

cada día en nombre mío.—Visita a Aurora, y a

mi gran baby .—Y no le dejes solo el pensamiento

a tu mamá. Rodéala y cuídala.—Un beso triste

de tu

José Martí